Hace cosa de tres años, fuimos de viaje con algunos amigos a recorrer el oeste de Europa. Comenzamos el viaje en Alemania y de ahí fuimos moviéndonos hacia, pasamos por Austria hasta Italia. En el país de las pastas y el buen vino es donde comenzó la verdadera aventura.
En una hostal en Roma, compartimos habitación con dos grupos más de amigos. Unos eran brasileños y los otros norteamericanos. Por casualidad estos dos grupos se dirigían a España. Habían estado platicando toda la tarde sobre la búsqueda de hoteles baratos en Madrid. Nosotros teníamos pensado seguir recorriendo Italia por unos días más. España era un destino dentro de nuestro viaje, pero todavía no habíamos pensado en buscar hoteles baratos en Madrid, ni nada por el estilo.
El problema vino, cuando por la mañana, mi compañero se encontró con que le faltaban los pasajes de avión para la vuelta a nuestro país que habíamos comprado esa misma tarde y debía guardar él. Parece que, por una de esas casualidades, su mochila de viaje era igual a la de uno de los chicos que había dormido con nosotros y en la oscuridad de la noche, confundió el bulto y puso los pasajes en la otra mochila. No teníamos un solo número telefónico de los chicos, por lo que tuvimos que aventurarnos a ir a buscarlos a Madrid.
Tardamos dos días en llegar. Pero lo más difícil no había llegado. En primer lugar, no sabíamos qué grupo tenía los pasajes, en segundo, no sabíamos en cuál de todos los hoteles baratos de Madrid es que se habían alojado. Si teníamos suerte, todavía continuaban el viaje juntos, pero no estábamos seguros. Para tener mejor éxito decidimos separarnos. Los cuatro nos fuimos a recorrer los hoteles baratos de Madrid con la esperanza de localizarlos. La tarea no era sencilla, sobre todo porque no conocíamos mucho la ciudad y en cada calle encontrábamos un nuevo hospedaje en donde podrían estar. Era como buscar una aguja en un pajar. Para colmo la red de Hoteles baratos en Madrid es increíblemente extensa.
Dos días después y con algo de 200 hoteles baratos de Madrid recorridos, las esperanzas se nos estaban agotando. Hasta que, en uno de ellos, el conserje del hotel recordó haber visto a un grupo de turistas de brasileños y norteamericanos. Dijo que los reconocía porque le parecía muy gracioso el modo en que se comunicaban entre ellos cuando intentaban mantener un diálogo en español. Así fue que dimos con ellos en un bar que quedaba a pocas cuadras de ese hotel. Se imaginarán nuestra alegría al reencontrarnos con nuestros boletos de vuelta. De no ser por la suerte que tuvimos, todavía estaríamos varados en Europa.
Jorge Forconi
JorgeForconi.Wordpress.com
jorgeforconi@yahoo.com