Amor en Madrid

Sé que historias de amor hay muchas, y me cuesta definir por qué deben leer esta de las millones que debe haber en la web. En este caso, el amor tuvo lugar en medio de la fiesta que es la noche de Madrid. Algo bastante curioso, teniendo en cuenta que yo soy de Argentina y mi -ahora- media naranja es de China. Quizás sea que la distancia media entre los dos países es el punto cósmico que se generó un 23 de enero en la Disco Ya’Sta.

Había tenido la suerte de ir a pasar un verano a Europa con dos amigos. No somos personas que se diga de grandes recursos económicos, así que nos tuvimos que alojar en hoteles baratos de Madrid para poder recorrerlo. De hecho, la idea inicial era sólo estar un par de días en esa ciudad y luego ir a recorrer España. Mis amigos querían ir a conocer varios países, pero yo pensaba que sólo me sentiría cómodo en ciudades de habla hispana. Por eso traté de conseguir hospedaje en hoteles bien baratos de Madrid, para no tener que movernos de allí.

La segunda noche que pasamos allí, mis amigos estaban muy cansados porque habíamos ido a recorrer los museos e ido a comer a una estancia que quedaba a las afueras de la ciudad. Yo todavía tenía algo de resto y me parecía un desperdicio quedarme en el hotel. Debo decir que, para mi sorpresa, los hoteles baratos de Madrid cuentan con muchas prestaciones y espacios de recreación que generan una mejor estadía. Pero esa noche, tenía ganas de salir a caminar, de conocer la ciudad. Así fue como llegué a Ya’Sta. Queda en calle Valverde, nosotros no estábamos muy lejos de allí, llegué en poco tiempo. No me cobraron entrada y los tragos estaban 5 euros. Me pareció un precio acorde a nuestros gastos que estaban sólo estaban a la altura de hoteles baratos de Madrid.

Una vez adentro, no tardé en verla. Allí estaba ella, su vestido hacía juego con lo exótica de mi situación. Me encontraba solo y a miles de kilómetros de mi hogar, mirando directamente a la cara de esta muchacha de facciones asiáticas. Pensaba, pero no encontraba el modo de interactuar con ella, además no sabía cómo haría para hablar si no sabía su idioma. Y lo peor es que parecía ser una chica distinguida y con dinero, no podría llevarla a la clase de hoteles baratos de Madrid donde estábamos parando.

Para mi completa sorpresa, esta chica se presentó delante de mí con dos copas en la mano. Me saludó en perfecto español y me dijo que se llamaba Jing Wang. Desde su nombre, todo fue una fiesta para mis sentidos. Y es desde ese día que no nos hemos separado ni un solo día. Mis amigos siguieron el viaje, pero yo supe que Madrid era el lugar donde me quedaría a vivir con Jing.

Jorge Forconi
JorgeForconi.Wordpress.com
jorgeforconi@yahoo.com

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